Gárgolas insomnes

Enero 24 de 2006

Comenzó a circular -¡por fin!- el número de Tierra Adentro dedicado a la radio en México. A mediados de noviembre, Radio Educación publicó una entrevista que Emilio Ebergenyi concedió a Alejandro García Vicente -productor del programa Voces interiores-, y unos días después, Hilda Saray leyó al aire fragmentos de esa entrevista, según la versión editada por Tierra Adentro. Finalmente, a dos meses de haberla escuchado he podido comprar un ejemplar del número doble que la reproduce y leer, de entrada, el texto que el mismo Ebergenyi escribió en forma de guión radiofónico y tituló "Soñar la radio". Un bello texto, sin duda, que habla sobre la evolución de la radio como aparato receptor, la carrera del "asiduo radioescucha", el oficio de la locución y la relación con el público.

Y aunque ya conocía la entrevista, primero con la voz del propio Emilio y después con la de Hilda, también la he leído. En la versión grabada, Emilio califica a los políticos en general como una "clase parasitaria", lo cual fue suprimido de la versión impresa. Emilio se refiere a la muerte de su padre y la forma en que lo impactó ese hecho; palabras más o menos, dice que hay que ser buenos padres para que no haya por ahí "tanto hijo de la chingada", lo cual quedó fuera de la versión editada. Emilio platica sobre la natación, un deporte que no desgasta las articulaciones y, por el contrario, es "muy sensual", pero en la versión impresa... nada. En la entrevista, Emilio habla de fútbol y otras cosas que tampoco reproduce Tierra Adentro.

Por lo demás, representan un recreo las fotos que acompañan a la entrevista, fotos de lo más actorales en algunos casos, que muestran un rostro inclusive maquillado, bien parecido y muy joven, de mirada arrogante, así como la naturalidad de la risa y el "rostro magro" en el otro extremo, que muestran al hombre maduro en un caso y al hombre enfermo en el último de los casos.

Más allá del contenido, la realización de esta entrevista poco antes del deceso de Emilio parece una coincidencia premonitoria, una oportuna previsión, más que una revisión casual, aunque aquí el entrevistado tiene la honestidad de reconocer su franco declive y calcula que nada le garantiza cumplir el deseo de salir "con los tenis por delante". Lo seguro a estas alturas del homenaje es que Emilio Ebergenyi tiene algo en común con Marilyn Monroe, James Dean o Pedro Infante, a saber, que su temprana muerte lo inmortalizó, se adelantó a la decadencia y legó a la memoria colectiva una voz espléndida, privilegiada, así como un estilo personal de locución que rompió con los cánones clásicos del locutor solemne y pedante de voz engolada, al optar por la ocurrencia y la chacota, el humorismo ágil, ingenioso, la irreverencia y el desenfado, hasta exagerar la nota y caer incluso en el dislate.

"No puede haber decadencia donde nunca hubo esplendor", dice Jaime López, y yo agregaría que tampoco puede haberla donde la muerte se adelanta y nos hace un favor, un caro favor.

Así como Radio Educación inauguró con el arribo de Emilio Ebergenyi hace tres décadas ese estilo de locución irreverente y antisolemne, la misma emisora inaugura con su pérdida la proliferación de locutores gangosos y tarados, que apenas pueden hablar y articular una frase o una idea.

En fin. Salió a la venta por fin y será presentado hoy en Bellas Artes el número de Tierra Adentro dedicado a la radio en México, a cien años de su invención. Ilustrada sobre todo con fotos y dibujos de aparatos antiguos, la revista contiene además un divertido texto de Eduardo Casar (tan orate como siempre) sobre su paso por la radio, un apasionado vistazo de Marta Romo a su propia carrera en la radio para niños, un ameno recorrido a vuelo de pájaro sobre tres décadas de matrimonio entre la radio y el cine en México, por Gustavo García, un documentado artículo de Cecilia Lemberger sobre La guerra de los mundos, aquella legendaria dramatización escrita en forma de boletines de prensa que generó un fenómeno de pánico masivo en Nueva Jersey y ahora es lugar común... entre otros textos interesantes y algunos que no vale la pena mencionar.

(La lectura del trabajo de Marta Romo, por cierto, me recordó la pelea que dimos algunos en defensa de Radio Rin, una pelea perdida de antemano en la que -acaso por eso- brilló por su ausencia Marta Romo).

Ya habrá oportunidad de platicar con Alberto Cue y Epigmenio León una noche de chelas, pero como no volveré a beber en un año o dos, quizás para entonces Tierra Adentro haya publicado un texto mío y el tema de la charla sea otro; quizás el "director huésped" no sea un personaje nefasto como Eraclio Zepeda y la distribución tarde menos de dos meses... Vaya usted a saber.

[] Iván Rincón 3:06 AM

Enero 20 de 2006

Ahora que Fem ha dejado de circular, veo que amazon.com reproduce y traduce al inglés cuatro artículos míos que publicó hace más de cinco años la revista. Se trata de un reportaje basado en testimonios zapatistas y una bibliografía comentada sobre las mujeres en Chiapas, un ensayo sobre el mito del matriarcado en Juchitán y un reportaje más sobre Loxicha. Como hay que pagar para leer completo cualquiera de estos textos y el sitio web de Fem no cuenta con un archivo, los publicaré aquí y sus enlaces estarán más adelante en la columna derecha.

También Triple Jornada ha dicho adiós, por cierto, como lo hizo en su momento Fempress. Por lo visto, el "periodismo con perspectiva de género" está en camino de ser gloria pretérita.

[] Iván Rincón 1:01 AM

Enero 8 de 2006

Hasta siempre, comandanta.

No cabía por más tiempo alma tan grande como la tuya en un cuerpo tan pequeño, así que lo abandonó para seguir su paso inexorable al Olontic, de donde volverá y envolverá los tímidos recuerdos con el cálido aliento de su voz rebelde. Subiste a las nubes que bajan a los Altos fríos de Chiapas y, ligera como un ángel moreno, te fuiste con ellas a urdir el alba, otros días y más noches y madrugadas. Subiste a bordo y bordeaste la montaña, y bordaste el camino con hilos de sangre hasta cubrirlo de rojo, rojo floreado como el pecho de las mujeres que visten huipil y enagua. En agua dulce derrama un llanto salado esta prosa amarga. La hebra de tu vida fue muy corta, pero alcanzó para ser ejemplo y pasar de las palabras a los hechos, de la urdimbre al estambre, del telar a la tela, del bordado al corazón y del borde al centro del país y las entrañas de la Madre Tierra; el discurso termina donde comienza la acción. Laboratorio de esperanza: labor de aguja que teje flores aladas y trama levantamientos en armas; es hora de levantar el vuelo.

[] Iván Rincón 4:42 AM

Enero 2 de 2006

Esa casa que resiste de pie, como atalaya de concreto, el paso del tiempo a través de sus ventanas rotas y sus paredes húmedas y agrietadas, en realidad es tan frágil que podría venirse abajo si alguien azotara alguna de sus puertas, pero éstas están tan viejas que sus goznes han dejado de girar, el herraje articulado está oxidado, tiene artritis, las bisagras desprenden un lúgubre rechinido. Esa casa poblada de vacío, a pesar de su aspecto de cementerio, parece tener vida y detener las horas y los años y contener el aliento. Su estilo gótico es tan introspectivo que adentro podrían vivir las gárgolas que faltan afuera.

-¿Y te gusta?

-No lo sé, pero me basta con verla para imaginar el eterno aburrimiento de unos fantasmas que no tienen a quién espantar, y el polvo acumulado y los velos tramados por las arañas en los rincones, como huella del olvido, y el cuento dormido bajo el polvo y el laberinto arácnido, y el eco de la voz que nadie oye del niño que soñó con ese cuento hace más de un siglo, pero un día perdió la cuenta de los días y las noches y del cuento. Me basta con verla para distinguir entre las sombras que se despliegan a la luz del plenilunio la de un gato que murió de soledad en la azotea.

-¿Y te gusta?

-No lo sé. Quizás me inspira para ser de nuevo una racha de viento y hacer volar por el aire a las hojas muertas en otoño y alfombrar con ellas el invierno. Quizás me inspira ser de nuevo el mensaje que entró por debajo de la puerta y se quedó esperando a que alguien lo leyera; ese mensaje confundido con el polvo acumulado como huella del olvido al paso del tiempo, entre recibos del agua, de la luz y del gas, del predial y del teléfono. Quizás nunca hubo luz ni gas ni teléfono; sólo agua, predial, penumbra y silencio.

-¿Y te gusta?

-No lo sé. ¿Cómo saberlo?

[] Iván Rincón 3:47 AM

Diciembre 28 de 2005

Ahora entiendo por qué la demanda de Kamel Nacif contra Lydia Cacho fue presentada en Puebla y no en Quintana Roo, donde ocurrieron los hechos que documenta la demandada, o en el Distrito Federal, donde fue publicado el libro que "difama" al demandante. Si usted sospecha que el empresario tiene comprada a la justicia en una entidad donde la corrupción no permite la separación de poderes, deseche semejante hipótesis. Las conspicuas referencias a una red de complicidades en las cimas del poder no son más que chismes, historias truculentas o teorías especulativas. Aquí se trata de justicia divina. De ahí que la demanda en cuestión fuera presentada en el Misterio Público Especial para Delitos Electorales, según reza el membrete del tribunal. Por supuesto es un error. El nombre correcto es Misterio Privado para Delitos Sexuales. Las verdaderas aberraciones del caso están contenidas en el libro de Lydia Cacho.

[] Iván Rincón 11:13 PM

Diciembre 21 de 2005

"¡Vimos unos pavos tan grandes que parecían guajolotes!", gritó Paquita corriendo desde la puerta de la casa hacia las enaguas de su abuela en un arranque de euforia, antes de tropezar con una muleta y caer al suelo redonda como era. Unas gafas de miope continuaron la carrera de la niña hasta los pies de la anciana, que reaccionó con un paso torpe y las hizo añicos. "¡Ay, escuincla, escuincla, qué tonta eres!". Paquita se puso a gatear palpando a ciegas el piso. "¡Mis lentes!", exclamó apenada, "¡mira cómo quedaron, ya no sirven!" Entonces entró su madre y tropezó también con la muleta. Una bolsa y varias cajas para regalo cayeron al suelo, por donde rodaron esferas brillosas y quedaron esparcidos foquitos chinos. La abuela tropezó por su cuenta con el cable de los foquitos y cayó encima de Paquita, que soltó a llorar. Este alboroto alarmó al viejo Rufus, que a su vez alarmó a toda la vecindad. "¿Qué pasa?", preguntó el papá de Paquita, caguama en mano, al tiempo que pateaba las cajas y las esferas y pisaba los foquitos. "¡Cabrón borracho!", gritó la mamá, levantándose con obesa dificultad. "¡Mira lo que haces, inútil, holgazán, lárgate de aquí!" Y como Paquita seguía llorando, el perro no dejaba de ladrar. "¿Qué pinche desmadre es este?", insistió confundido el papá mientras la abuela se incorporaba con artrítica lentitud. "¡Los foquitos, las esferas, hasta la estrella, todo está roto!", lamentó la mamá (y le mentó la mamá al papá) recogiendo el tiradero. "Solo por eso no te va traer nada Santa Clos", sentenció la niña, con hondo rencor. "¡Chingue a su madre Santa Clos!", espetó el papá. "¿Cuándo le he pedido algo a ese pinche gordo acolchonado y con barba de algodón; ese pendejo que se ríe de todo? ¡Yo no le pido nada a nadie; mi dinero me cuesta embriagarme, y ultimadamente váyanse las tres al carajo! No es cierto, mijita; no chilles. ¿Qué les pasó a tus lentes? Papá te va comprar otros... cuando le paguen esos ojetes de mierda, pero mientras, ¡tengan, culeros, tengan pa' que se entretengan!" Y estrelló la botella contra la pared, y el estrépito alteró de nuevo al viejo Rufus, que primero ladró enloquecido y después acompañó en el mismo tono un llanto a tres voces.

-Eso es lo único bueno de la Navidad: la chela Noche Buena. ¡Ah, qué buena es la noche con esa chela! ¡Hip! Miren a dónde vino a parar esta pinche muleta, puta madre, hasta dónde vino a dar.

Paquita distinguió a través de las lágrimas, como en un sueño con miopía, la difusa figura de su padre levantando la muleta para regresar cojeando a la sala y caer en el nacimiento. Allí pasó la noche el señor, entre figuritas de barro, sobre musgo y heno. Ese año tampoco cenaron pavo... ni guajolote.

[] Iván Rincón 11:55 PM